motivacion, Personal

El día que me encontré de frente con el miedo…

5 abril de 2021:

Han pasado casi 45 días desde aquel temeroso, impactante y sofocante domingo. Desde entonces, he intentado recuperar toda la energía que perdí tras haber sentido tanto miedo; después de pasar tantas noches repasando uno a uno los eternos minutos de aquella tarde, de negarme a pensar que en realidad pasó y reconocer que no había otra opción sino seguir adelante; porque quedarnos inmóviles nunca fue una alternativa.
Antes que nada, tengo que decir que lo único que nos salvó como familia fue la unión, las ganas de seguir y el idealismo; porque entendimos que ser realistas, en ese momento, nos hacía daño; el panorama era desolador y nos devastaba regresar a ese lugar cada día y seguir sintiendo el olor que a hoy, mes y medio después sigue impregnado en las paredes… Esto fue lo que pasó:

28 de febrero 2021:

Habíamos tenido una mañana tranquila, salimos a dar un paseo con Lucho, hicimos algo de ejercicio y nos disponíamos a pasar un Domingo tranquilo y reparador.
…Una vecina me hizo una llamada perdida mientras yo estaba en la ducha; era mediodía y mi esposo y yo saldríamos a almorzar por fuera. Así que muy tranquila, mientras sentía el agua correr, estaba pensando qué ropa usar esa tarde; por lo tanto no me preocupé por contestar; me dije que luego le devolvería la llamada.

Mientras tanto, bruscamente golpean la puerta y se escucha la voz de un hombre acelerado, a gritos, queriendo decir algo que no entendíamos. Lucho se alerta y ladra muy asustado; yo cerré el grifo y sólo pensaba que algo grave estaba pasando afuera y que no podíamos entender.
Se alcanza a escuchar una algarabía muy fuerte en la calle y parece que por fin mi esposo logra entender lo que pasa, lanza un agravio en voz alta y sale disparado. Inmediatamente supe que algo muy malo estaba pasando y que tenía que ver con nosotros, dejé de sentir las piernas.
Alcancé a gritar desde el baño: “¡¡¡¿Qué pasó?!!!”. Con un tono en su voz que hasta el momento yo desconocía, mi esposo me anunció lo peor: “se está quemando el negocio”. Todavía me retumban esas palabras mientras escribo, me duelen los oídos.

Consumido por las llamas, vimos ante nuestros ojos, que el esfuerzo que hizo mi familia por más de 20 años se desvanecía y nada podíamos hacer. Aún cierro los ojos y me estremezco de solo recordar el olor a humo, luego a ceniza, el calor, el vapor, el sonido de las sirenas, el bullicio de la gente, los gritos de mi mamá, su desespero, su llanto. A mi papá con su cara de desconcierto, corriendo de un lado a otro con el celular en la mano: “Hija, ¿Será que debo llamar a los dueños de la casa?” me preguntó –“Si, claro. Inmediatamente”. Fue lo único que pude decirle.
Me parece estar viendo todavía los ojos sin brillo de mi esposo, dando todo por perdido, su mirada triste, desolada, y con su pecho agitado repitiendo una y otra vez “lo perdimos todo, pero no pasa nada, estamos vivos”… sentía su cuerpo temblar en cada abrazo, y de nuevo decía: “Estamos vivos mi amor, lo material no importa, vamos a trabajar ahora con más moral que nunca”… Lo repitió tanto que le creí, todo al final estaría bien. ¡Uff! se me hacen inevitables las lágrimas en este momento, recordar cada instante de ese día vuelve a acelerarme el corazón, y de nuevo no siento las piernas.

Una noche, sólo mes y medio después del incidente, no lograba conciliar el sueño y tuve que sentarme a escribir. En el fondo yo sabía que en algún momento tenía que encontrarme con esto otra vez. Sabía que debía sacarlo, que debía cerrar el suceso, pero no estaba preparada.
Es la noche del 15 de abril y hasta ahora respiro, llevo varias semanas en piloto automático; desconectada, sobreponiéndome a mi sentir para mostrar una cara fuerte y positiva ante mi familia, porque ya saben, hay que decir que “todo está bien”, y, definitivamente, reconozco que nunca me había esforzado tanto en mi vida por ser tan optimista. Normalmente suelo hacerlo, soy siempre la cara alegre, pero en esta ocasión me costaba tanto, ¡Dios!. (Continuará…)

23 de agosto de 2021:

Por alguna razón había perdido este texto; la noche en que lo escribí tenía un celular prestado y no supe que pasó con la nota. Después de eso, me concentré en otros asuntos urgentes y abandoné el blog, dejé de escribir un buen tiempo, me perdí.
Aún sigo encontrándome, pero hoy de pura casualidad me encontré con la nota guardaba en un backup de mi correo (ni idea de cómo llegó ahí) y decido tomarlo como un regalo de la vida, y un buen motivo para retomar y publicar este texto, además porque ya me siento más liviana y por lo menos no rompí en llanto al volver a recordar el hecho, algo ha sanado ya.
No niego que aún hay sentimientos encontrados, pero ya me tomaré el tiempo de abordarlos, por ahora, este es mi espacio y lo quiero aprovechar.

Gracias por leer hasta aquí…

Curiosamente,

Jineth Ceballos.

3 comentarios en “El día que me encontré de frente con el miedo…”

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