Personal

Querido miedo…

Muchos hablan de tí por estos días, estamos viviendo tiempos nuevos y nos tienes siguiendo un montón de protocolos para evitar enfermarnos, así que se puede decir que nos estás cuidando. ¿Debo darte las gracias? No lo sé, el hecho es que se me ocurrió escribirte porque hay varias cosas que necesito decirte:

Para comenzar, quisiera decir que te conozco porque has hecho parte de mí toda la vida, incluso te puedo imaginar aquí detrás de mí mientras escribo, reconozco que eres mucho más grande que yo, te ves muy rudo y pareces muy persistente.
Nos hemos enfrentado cara a cara más de dos veces, y tengo que decirte que no me agradas. Estuviste muy presente cuando prometí no volver a subirme nunca a una bicicleta después de una caída, y cuando abandoné el patinaje porque me convenciste de no intentarlo más para evitar más raspones en mis rodillas, también has estado en todas y cada una de mis entrevistas de trabajo, me acompañas en mi maleta cada vez que salgo de viaje y vuelves a llegar conmigo a casa, te siento siempre que he intentado emprender, las tantas veces que ya perdí la cuenta, opacas tanto mis ideas que me has impedido en muchas ocasiones volver a intentarlo.

Yo si quisiera saber qué hay detrás de tí, de dónde vienes y por qué apareces justo cuándo intentamos evolucionar. No sé qué es lo que escondes pero tienes tanta fuerza que apagas el fuego más vivo, he visto como destruyes los sueños más anhelados de las personas que quiero, llegas y nublas las decisiones más certeras e insitas a renunciar, a dejar de lado los nuevos comienzos por esa misma sensación que generas de incapacidad, entonces vienes y nos convences de que no podemos hacerlo.

La verdad es que no sé si odiarte o deba hacerte mi amigo, mi aliado; hay quienes dicen que es más fácil aceptarte y usarte como un impulso para lograr lo que queremos, pero aunque te he ganado algunas batallas sigues estando ahí, muy latente. Siempre te descubro, tienes máscaras y te disfrazas de excusas para pasar desapercibido, pero nunca te vas.

Estoy segura que haces parte de esas emociones necesarias que nos permite sobrevivir, yo lo sé. Tal vez, sí deba darte las gracias, pero… ¿es realmente necesario que nos oprimas la valentía de luchar y de intentar cosas nuevas? … ¿Me estas diciendo que sí, verdad?. Está bien, está bien, ya me conozco tu discurso: “que existes para forjar nuestro carácter, que nos proteges en situaciones de peligro, que me estás haciendo más fuerte, que tengo que aceptar que nunca te irás y como si fuera poco, tomarte de la mano con amor y aceptación…”

Ni modo de llevarte la contraria, una vez más, parece que no tiene caso discutir contigo.

¡Hasta mañana!

Curiosamente,

Jineth Ceballos.

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