Personal

Lo que sucede cuando escribo…

Aprendí a leer y a escribir antes de los 6 años, desde entonces ha sido mi pasión y mi pasatiempo favorito. Papá me regalaba libros en mis cumpleaños, yo me deleitaba leyendo los cuentos de Rafael Pombo, mi imaginación volaba y yo me sentía libre y feliz. Crecí haciéndome siempre muchas preguntas, la curiosidad estuvo siempre a flor de piel y nunca he encontrado respuestas más certeras que en los libros.

Hoy, al escribir tengo la posibilidad de encontrarme conmigo misma, me digo las palabras que necesito escuchar, me brotan las ideas por montones y solo tras las letras voy ordenando todo lo que quisiera decirme. Al escribir logro descubrirme, mostrarme tal cuál soy, exploro mi ser entre líneas y tengo la sensación de estar liberándome de las cargas extenuantes del día a día; me olvido de lo externo y me concentro en mí, para conocerme, para entenderme, para liberarme un poco más. Escribo, leo, reescribo y vuelvo a leer, avanzo unas líneas más y releo; eso lo hago tras cada texto una y otra vez hasta finalizar. Un suspiro es la señal de que está todo dicho por ahora, el reflejo de un alivio indescriptible al sentir que logré encontrar las palabras exactas para expresar lo que sucede en mi mundo, en lo que he llamado de forma muy cariñosa “mi curiosa-mente”. Me leo de nuevo y vuelvo a descubrirme, sonrío para mí y me abrazo.

Escribo porque me place sentir que puedo trasladarme a otra dimensión donde tal vez todo es posible, donde el dolor se mengua tras las pocas palabras dichas, donde la angustia cesa y el miedo se esconde de la furia de mis ideas desbordadas.
No me considero una escritora, pero tampoco descarto poder serlo algún día; por ahora escribo para recordarme que tengo un mundo propio y que puedo contarle a otros que existe. A quienes quieren leerme los abrazo en el alma y les agradezco infinitamente por comprender y conectarse con mis textos.

En realidad, lo que sucede cuando escribo nisiquiera lo puedo explicar. Nisiquiera sé por qué se me da mejor teclear en frente de una pantalla que agarrar un lapicero; una razón puede ser que la motricidad no es una de mis mejores virtudes, otra es tal vez porque mi cabeza corre a toda prisa y solo con mis dedos, aunque cortos, logro cogerle el ritmo a mis pensamientos; admito que eso nunca lo he logrado con un bolígrafo. El bolígrafo me obliga a escribir estéticamente bonito y eso hace que se me olvide en esencia lo que quería decir. Es extraño, porque por nada del mundo cambiaría un libro físico por uno digital. Pero así somos; o bueno, así soy, tan humana, tan incoherente a veces, tan única.
Adoro leer y escribir; cada vez que leo siento una necesidad inmediata de escribir y cuando escribo no quiero parar de leer. Estoy en mi mundo, y tú, mi querido amigo lector, acabas de conocer un poco más de mi “curiosa-mente”.

Gracias por estar aquí. 💜

Jineth Ceballos

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